Piel Cambiada

sábado, marzo 24, 2007

CUENTO CORTO: LOS ESPEJOS

cuento corto:
LOS ESPEJOS

Cuenta la leyenda, que en el reinado aquél, cuando una pequeña nacía, todas las damas del reino, le entregaban como obsequio el espejo más especial. La madre, la abuela, la tía... la sirvienta, la doncella, todas sin excepción alguna, buscaban entre sus tesoros, y le regalaban el espejo más bonito que encontraran.

Y así nació la princesa, rodeada de lujos y estrellas. Su madre le dio un espejo de oro, la abuela le dio uno incrustado con diamantes, la tía le dio el de lapizlázuli, y el de quarzos el más sencillo se lo regalo la doncella que la iba a cuidar.

El dormitorio de la princesa brillaba, por la luz del sol reflejada en los vidrios relucientes, y así crecía la princesa, cada día, rodeada de ellos. Sin embargo, conforme fue creciendo, fue viéndose cada vez reflejada en cada una de las ofrendas. Y su vida irremediablemente se tornaba, en los reflejos que observaba.

El de su madre, el más lujoso, la hacía sentir toda una señora. Pero en el fondo, cuando se tocaba el rostro, y acariciaba su pelo delante de él, en el alma le nacía una veta de amargura, y de insatisfacción. El espejo le repetía constantemente, "nunca serás como ella, ella es la más bella, la señora del reino, la reina suprema. Nunca podrás tener su belleza, ni su felicidad, no podrás alcanzar lo que ella ha alcanzado. Ni tendrás el amor que ella ha tenido" y así, el espejo le hablaba y ella lloraba, y no salía de su habitación por temor a no ser como su madre.

Una ráfaga de viento entró por la ventana, y como obra un suceso divino, el espejo materno se rompió, y con él, los miedos y las inseguridades que le traían a la princesa. "Hora de sacar el siguiente espejo", se dijo ella y con sumo cuidado y delicadas maneras, sacó el espejo de abuela, de la bolsa aterciopelada que lo cubría... Un espejo viejo y vetusto, más rígido y algo desgastado por el tiempo, cuando la niña que ya era una mujer se vió en él, le habló de la siguiente manera "La vida se acaba, y ya no tengo fuerzas, mis sueños han sido frustrados, no lo intentes, ni siquiera te esfuerces, porque, no vale la pena. Cuando los años se acaban y las fuerzas con ellos, y volteas a ver, y tu vida ha sido pasiva, como la mía, detrás de un trono oxidado, ya no vale la pena, luchar ni soñar... mejor ahora que eres joven, duérmete hija mía por que al fin del cabo, algún día, dormirás eternamente".

A la princesa se le ocurrió salir ese día al jardín, y respirar el aire fresco, y llevaba consigo el espejo de la abuela, pero al inclinarse a la fuente, a beber un sorbo de agua, el espejo cayó a la fuente, y se hizo mil pedazos...

El de lapizlázuli, el de la tía, continuaba, pero oh sorpresa, cuando lo vió salir de aquella bolsa, de seda y encajes, el espejo se deshizo en polvo fino, y sólo quedo un marco vacío... como vacía era la vida de la que había sido su dueña. La tía, cansada de las presiones del reino, había huido con un plebeyo, hacia mares lejanos y nunca más se había sabido de ella... su vida se desvanecio en el recuerdo, y nadie, bajo ningún motivo, la mencionaba en los corredores de palacio.

La princesa mujer, la que iba a heredar el trono, estaba perdida y triste, porque sus espejos, los más importantes, no estaban con ella, y se acordó, de la doncella amable, que la cuidaba de niña, la que hizo de madre y de abuela, y la que le enseñó a sonreir, a caminar entre las flores, a respirar el aire puro de la mañana, a beber agua de la fuente... así que corriendo más que andando, se lanzó a su habitación y del fondo del cofre de sus recuerdos, sacó envuelto en un papel de envolver, de aquellos que la doncella traía con las flores del mercado, el espejo de quarzos, el más sencillo.

En la soledad de la noche y con la luz de la luna reflejada en él, el espejo empezó una larga conversa, con la niña, recordándole los momentos pasados, las pérdidas, las anécdotas infantiles. Le recordó la tersura de las manos de su doncella, que cuando la vestía, le acariciaba el cabello, y le decia con una tierna sonrisa "eres la más bella de todas las niñas del reino". Le recordaba el día en que la doncella volvió del mar y le puso alrededor del cuello un collar de caracolitas, blancas como la espuma misma de las olas, le sonrió y le dijo "tu vida es como este collar de caracolas, eventos hermosos engarzados uno tras otro" y en un momento de la noche, la niña pudo llegar a la conclusión, con su interlocutor, de que a ella le hacía falta encontrar su espejo, el propio, el que le hablaría de ella, y de cómo realmente era, el que le daría sus propios consejos, de como vivir la vida, y el espejo entonces habló: "Mira mi niña, camina por la vereda del bosque, siguiendo el reflejo de la luna, y allá en el fondo, donde está una flor de jacinto, encontrarás un pequeño manantial... lleva en tus manos un espejo forjado, de todos los marcos, que tienes en tu cofre, uno que tu formes como a ti te guste, hazlo esta noche. Y cuando tengas el marco en tus manos, creado por ti, lo sumerjes en el agua del manantial del jacinto, y dejas que la luna pegue sus rayos sobre él..."

Pasó la princesa esa noche, haciendo su marco, tomo el marco del espejo de cuarzos y le saco el vidrio, con dolor, se robó unos diamantes del de su abuela, y con polvo de oro del de su madre, le dio los toques, para que se viera esplendoroso. Del marco de lapizlázuli de su tia, elaboró unas flores, hermosas, para adornarle el mango, y se encaminó, bosque adentro, buscando el sendero y encontró el jacinto...

Sus manos ensangrentadas por la labor, se hundieron junto con el marco, en el manantial divino, y en ese momento, la luna se inclinó a la tierra, dejo caer sus más bellos rayos sobre el espejo, cuajando en el un cristal divino... que resplandecía mucho más que todos.

Habiendo hecho esto, la niña, mujer, princesa y reina, lo guardó de pronto dentro de su pecho. Y a la mañana siguiente, cuando el sol salió, cuando los pajarillos cantaron y las trompetas del reino anunciaban un nuevo día, la princesa corrió a su baúl, sacó el espejo... y al observarse en él, pudo ver... a una mujer hermosa, a una mujer bella, sin comparación alguna, y el espejo emitió solo algunas palabras: "Soy tu reflejo... esta eres tú... decide tu, que haremos de ahora en adelante..."

Lore.24.03.07
posted by Lorena Perez at 9:27 a.m.

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